Hacía ya unos meses que no hablábamos de
aves (desde
diciembre), y es que la macrofotografía de
insectos y
arácnidos ha adquirido un papel protagonista en este
blog desde que actualizara mi equipo fotográfico en la primavera del año pasado para este cometido. Esto no significa que en
La Ventana Salvaje no nos interesen los animales de mayor tamaño, pero lo cierto es que, con mi equipo actual, me resulta más fácil e interesante ceñirme a las escalas más pequeñas. También es cierto que me he planteado actualizar mi equipo para mejorar también mi fotografía de aves, pero aún estoy estudiando las alternativas (y de momento todas ellas me parecen demasiado caras).
Hoy vamos a romper un poco esa tendencia y vamos a volver con los pajarillos. Acostumbrado a la calidad que ofrece mi nuevo equipo para macro, las carencias del que utilizo para aves se hacen más patentes. Son fotos con recorte (debido a que el objetivo no permite acercar tanto como se quisiera) y sin una gran nitidez. A esto se le une mi desentreno en este campo.
En las orillas del citado río es muy fácil ver a diferentes tipos de patos bastante acostumbrados a las personas. Durante la sesión de hoy he visto a unos cuantos de éstos nerviosos, que no hacían más que discutir entre ellos y dar vuelos cortos. Pensé que podría ser la oportunidad ideal para fotografiarlos en vuelo (para mi, mucho más interesante que verlos en el agua, como siempre), pero su vuelo era tan corto e imprevisible que no ha sido fácil. Tras varios intentos, lo mejor que he conseguido es la imagen bajo estas líneas.
Tras observar un rato al que aparece en la última imagen, he llegado a la conclusión de que el amigo estaba convencidísimo de estar completamente escondido y de ser invisible detrás de su hierbajo protector. Por otra parte, el de la primera foto está disfrutando de un exquisito bocado de gigantes lombrices.
Hasta aquí los pipis de hoy. Espero poder traeros material tan jugoso como las mencionadas lombrices la semana que viene, en la que, en principio, disfrutaremos en Madrid de cuatro días de puente. Hasta entonces, ¡pasad buena semana!