lunes, 16 de julio de 2018

Una cuestión territorial

Alcalá de Henares es una gran ciudad en muchos sentidos, incluido - claro está - el demográfico. Sí tuviera que generalizar, diría que sus gentes son más urbanitas que campestres. Al lado tenemos un precioso monte al que llamamos "parque natural" sin serlo, y al que se le conoce bajo nombre de "Los Cerros de Alcalá". Es nuestro querido trocito de campo, pero no suele ser muy "salvaje". En él, quien busca, acaba encontrando (es lo que hemos estado haciendo en muchas de las entradas de este blog), pero para el visitante novel es fácil que parezca vacío y manso: palomas y cigüeñas, algunos conejos... naturaleza de andar por casa.

Ya capturé en su día a un corzo (Capreolus capreolus) con mi cámara, de manera un poco fugaz debido a que son criaturas de lo más escurridizas. Y ya entonces me resultó sorprendente encontrarme con un animal así en un lugar por el que pasean cada día cientos de alcalaínos de los varios centenares de miles que viven en la adyacente urbe. También había oído de la presencia de jabalíes, incluso había visto sus huellas, pero jamás creí que hubiera muchas posibilidades de toparse con ellos directamente en un monte como el nuestro. De hecho, siempre me ha intrigado que animales como esos puedan ser invisibles a los ojos de los cientos paseantes que barren el parque cada día.

Por otra parte, he de reconocer que desde mi propia casa tengo una vista envidiable de la zona. Ayer tan solo estaba mirando por la ventana y pude ser espectador de una increíble escena digna de un documental.

Empecé viendo una pequeña mancha marrón desplazándose por la lejanía. Inicialmente pensé que podría ser un zorro y corrí a por mí cámara y un teleobjetivo con la tenue esperanza de sacar algo. Con el equipo montado, ya se había ido, pero no tardó en volver y fue cuando vi que en realidad se trataba de un corzo... bueno, una pareja de ellos para ser más precisos (disculpad la calidad de las fotos, pero como comento, están tomadas desde mi propia casa al atardecer, con poca luz).


Estaban como expectantes, mirando hacia atrás, como con miedo. No era para menos: no tardó en aparecer una familia de jabalíes (Sus scrofa) compuesta por unos seis individuos, el más pequeño de los cuales se quedaba atrás en cada carga, y ¡vaya si cargaban los jabalíes contra los corzos!


Y la persecución se inició. Dos corzos entraron en unos matorrales, y tras el paso de los jabalíes, sólo uno salió de allí. Todo un espectáculo de la naturaleza desde la ventana de mi casa.




Los jabalíes siguieron persiguiendo al otro hasta que lo echaron de lo que supongo que sería su preciado territorio. Quiero hacer hincapié en que es una zona por la que pasea a diario un montón de gente (de día e incluso una vez caída la noche), y no creo que muchos de ellos sean conscientes de la actividad que aparece en la zona cuando el telón del atardecer proporciona cierta seguridad ante la amenaza del hombre.


Parece que los animales no han desaparecido del todo en las grandes ciudades, sólo han aprendido a ser algo más invisibles.

P.D.: A ver si consigo reducir un poco el tiempo de dos años entre entrada y entrada.

sábado, 18 de junio de 2016

El hombre que susurraba a las abejas

Hoy me he pasado media mañana persiguiendo abejas (Lasioglossum leucozonium) sin demasiada suerte. En a penas tres metros de valla cubierta por un arbusto que parecía llamarles la atención, vistosas abejas, algunas más grandes, otras más pequeñas, algunas con ojos negros, otras con coloridos tonos, descansaban de su frenética labor tomando aliento durante breves intervalos de tiempo. Para añadirle emoción, el flash, la conexión objetivo-cámara, o una combinación de ambas ha estado fallando durante toda la sesión, con lo que muchas buenas tomas en potencia se han perdido.



Lo cierto es que ha sido difícil: sin contar los fallos de la cámara, estos bichejos no se estaban quietos más de un segundo por lo general, siendo raro aquel que me daba el tiempo necesario como para fotografiarle. El primero de ellos está fotografiado con prisas desde lejos. El segundo, está amedrantado por una nube (hoy he visto varias abejas y moscas que, con las nubes, agachaban la cabeza y se quedaban quietas). Abajo, algunas de las tomas fallidas que se han quedado fuera.


Al fallar el flash han quedado sub/sobre-expuestas, y al intentar arreglarlas se han perdido los colores originales y el ruido generado hace que no merezca la pena mostrarlas a mayor tamaño que como las muestro sobre estas líneas.

En lo que a dípteros se refiere, mi primer hallazgo de esta mañana ha sido una diminuta mosca soldado (Hedriodiscus pulcher).


También me he encontrado a la siguiente mosca, que no he sido capaz de identificar.

ACTUALIZACIÓN: Gracias a Biodiversidad Virtual, ahora sabemos que la mosca de abajo pertenece a la familia Therevidae.




Parecida a otras moscas de la zona, algo más grande, aunque no más que un moscardón, y de colores pardos, incluyendo en esto a sus alas, las cuales además presentaban un veteado negro.

Yendo al otro extremo, de pequeño tamaño tenemos a la mosca de patas largas (Dolichopodidae), quizás una Aphrosylus.


Con esta pequeña mosca de ojos saltones y rostro casi alienígena, cerramos la entrada de hoy. ¡Os traeré más fotos pornto!

sábado, 11 de junio de 2016

La invasión de los zigópteros

Mañana de calor en Alcalá de Henares, y nuestro paseillo nos depara interesantes invitados a lo largo del curso del río. Destacan por su abundancia los patiblancos (Platycnemis latipes), del suborden de los caballitos del diablo (zigópteros). Abrimos con sus desorbitados ojos este post.





Su nombre viene una una leyenda cántabra, en la que unos diablos montaban una versión gigante de estos seres, que en realidad eran almas atormentadas de humanos que cometieron algún pecado en vida. Hoy en día podemos verles con su peculiar vuelo a trompicones invadiendo las zonas cercanas a los ríos.

Al igual que la semana pasada, unas flores azules, con polen en forma de bolitas blancas, atraían de manera frenética a las abejas (Lasioglossum leucozonium).




De movimientos rápidos, es difícil pillarlas al no permanecer demasiado tiempo en la misma flor

Las mariposas no son mi fuerte: suelen ser bastante esquivas, y con el equipo que tengo actualmente, es necesario que me acerque extremadamente al insecto para fotografiarlo, lo que suele provocar que éste salga huyendo, sobre todo si tiene alas. Pese a ello, hoy os traigo una que estaba bastante tranquilita.


Mi experiencia dice que para identificarla bien hay que sacarla una foto desde más lejos, para ver el patrón de colores de sus alas. Sin embargo, en este caso sólo tenemos su retrato en primer plano. Por los colores me aventuraría a decir que se trata de una mariposa nacarada (Argynnis paphia), pero sin ver el patrón de sus alas, no estoy seguro de ello. Creo que podría tratarse de una Colias croceus, como bien apunta mi buena amiga Jedena.



Este insecto de gran tamaño es también bastante común en esta zona del río.

Pasaremos a unos grandes conocidos: los dípteros. Dentro de estos, hay una familia con aspecto similar a algunos himenópteros: se trata de los sírfidos.




Como la semana pasada, es fácil seguir encontrando a la mosca de las flores (Anthomyia pluvialis).







Una peculiar mosca de ojos mitad rojos, mitad negros, se hace hueco entre las anteriores conocidas. Aún no me ha sido posible identificarla.


Y cerramos la entrada con un tenebriónido, el Scaurus punctatus.


Este simpático coleóptero jugaba a hacerse el muerto como mecanismo de defensa. Ante un ataque, se ponía panza arriba y se queda inmóvil. Un tiempo después, cuando se sintiera seguro, se tambaleaba torpemente para volver a su posición normal y seguir su camino.

Y hasta aquí la entrada de hoy. Más, ¡muy pronto!

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