sábado, 13 de julio de 2019

Mosquetero por el barrio

Ah!, no!, que "mosquetero" viene de "mosquete", y no de "mosca"... ¿o no es así? Pues parece ser - según esta página - que la mosca, ese molesto díptero, dio su nombre algunas rapaces, como gavilanes y cernícalos, en su forma diminutiva del italiano "moschetto". Esto fue debido al moteado del plumaje de estas aves, que se asimilaba a un montón de moscas sobre ellos. Más tarde, las armas de fuego tomaron sus nombres de estas aves (supongo que por la caza y lo de abatir objetivos al vuelo, en este caso, el vuelo de la bala), y aquellos que las empuñaban se llamaron mosqueteros, por lo que a lo mejor sí es todo es culpa de las moscas.


Pero me temo que me he salido un poco del tema. Sólo quería contaros que he dado una breve vuelta por el barrio con el equipo de macrofotografía, y os traigo algunos dípteros.

Una de las moscas más fáciles de encontrar en las cercanías del Río Henares a su paso por Alcalá de Henares, es la mosca de las flores (Anthomyia pluvialis).





Este díptero moteado cual guepardo es bastante común, y no demasiado asustadizo, por lo que es relativamente sencillo fotografiarlo.

También son comunes moscardones como la mosca azul (Calliphora vomitoria). De mucho mayor tamaño, pero en menor número, nos honran con su presencia durante el paseo.




Podemos observar un par de cosas: lo suculento que parece su festín, y que en su lomo tienen un polvillo (¿polen?). Se dice que estos insectos transmiten multitud de enfermedades, por lo que mejor no cogerles demasiado cariño.

También he podido mal-fotografiar lo que creo que es una mosca verde de la botella (Lucilia sericat).


Llama la atención su color metálico, al igual que en nuestro siguiente invitado medio traslúcido, medio cromado.


No he podido identificarlo, pero me inclino a que es algo en fase de desarrollo, y no un bicho adulto completamente formado. Se le ve un lomo como el de los asílidos, una cola (con un doble latiguillo al final), unas patas, pero su cabeza es difícil de diferenciar y no se le aprecian alas. A simple vista, era bastante difícil de ver debido a su color y a su pequeño tamaño.

Y yo creo que debería dejarlo ya aquí... por si las moscas. Espero volver pornto con más fotos e historias.

domingo, 30 de junio de 2019

Bichos a cámara lenta

Si pensabais que La Ventana Salvaje había sido tapiada, os diré que estabais equivocados. Es cierto que últimamente abrimos poco para ventilar con nuevos posts, pero esta ventana al mundo natural es mi peculiar cuaderno de campo, y siempre estará abierta para aquel que quiera mirar por ella.

Supongo que el problema ha sido la especialización: con la adquisición del equipo para macrofotografía el blog terminó volviéndose casi un monográfico sobre esta disciplina. De la misma manera, cuando empecé a tener problemas con este equipo (sobre todo con los tubos de extensión), la actividad del blog decayó.

Sería interesante recordar que la primera entrada, allá por noviembre de 2010, trataba sobre unas cigüeñas y fue realizada con uno de los teleobjetivos más básicos del mercado: el TAMRON 70-300mm, el primer "tele" para muchos aficionados que quieren empezar a ampliar su equipo. Durante mucho tiempo este objetivo fue la estrella de mi arsenal en lo que a fotografía de fauna se refiere, ya que servía tanto para macrofotografía como para fotografiar animales de mayor tamaño que estuvieran a cierta distancia y, en especial, para pájaros. Pues bien, hoy he salido armado con el mismo objetivo y mi móvil, a dar una vueltecilla por las cercanías de mi casa.

No vuelvo con una gran captura, sino con una simple paloma torcaz (Columba palumbus) que vigilaba el camino a una distancia prudencial.


Dos representantes del gorrión común (Passer domesticus), si no me equivoco, una hembra y un macho, que se perseguían el uno al otro.



Y también ha hecho acto de presencia la garcilla bueyera (Bubulcus ibis), que asustadiza se desplazaba en grupo a lo largo del Río Henares.



Y de vuelta a casa, que en Madrid estamos en plena ola de calor. Por el camino también he visto lagartijas, mirlos, urracas, abejorros enormes, escarabajos y otros insectos de los cuales no traigo fotos. Mención especial a las arañas lobo, que estaban bastante activas en el puente de madera de La Isla y El Val.

Sin embargo, casi más interesante es lo que he conseguido con el móvil. Recientemente he adquirido un Samsung Galaxy Note 9 y quería probar su maravillosa cámara súper lenta de 960 fotogramas por segundo. Para ponérselo aún un poco más difícil, como sujeto de pruebas he utilizado mariposas y moscas (de vuelta al increíble mundo de la macrofotografía, pero en este caso, con móvil). El resultado es el vídeo que tenéis a continuación.


Volviendo a la función de "cuaderno de campo", quería dejar anotado que no he visto tanto pájaro como esperaba, ya que de hecho mi intención inicial era encontrar milanos en el vertedero, como otros años. Sin embargo, los cielos hoy estaban bastante yermos. Quizás sea por la hora: revisando anteriores salidas, mis fotos de milanos fueron normalmente tomadas entre las 11:00 y las 14:00, y en este caso, a las 11:00 ya estaba de vuelta debido al calor.

También es indudable que el vertedero ha sufrido cambios en los últimos años. Un vertedero que debió haberse cerrado a finales del año pasado o principios de éste, y cuya capacidad está siendo sobrepasada sin ninguna alternativa clara a la vista. Esto está causando cada vez más fuertes olores, gases que dicen nocivos tanto para el hombre como para la fauna.


Sin duda el vertedero ha sido un triste "oasis" para algunos animales, que se han visto atraídos por la posibilidad de encontrar comida entre los deshechos urbanos, aunque en muchos casos lo que encontraron fue enfermedad y muerte (como en el conocido caso de las cigüeñas y las gomas elásticas).

Termino la entrada con un vídeo que ya os traje hace 7 años sobre el particular ecosistema que se ha formado en este vertedero.

lunes, 16 de julio de 2018

Una cuestión territorial

Alcalá de Henares es una gran ciudad en muchos sentidos, incluido - claro está - el demográfico. Sí tuviera que generalizar, diría que sus gentes son más urbanitas que campestres. Al lado tenemos un precioso monte al que llamamos "parque natural" sin serlo, y al que se le conoce bajo nombre de "Los Cerros de Alcalá". Es nuestro querido trocito de campo, pero no suele ser muy "salvaje". En él, quien busca, acaba encontrando (es lo que hemos estado haciendo en muchas de las entradas de este blog), pero para el visitante novel es fácil que parezca vacío y manso: palomas y cigüeñas, algunos conejos... naturaleza de andar por casa.

Ya capturé en su día a un corzo (Capreolus capreolus) con mi cámara, de manera un poco fugaz debido a que son criaturas de lo más escurridizas. Y ya entonces me resultó sorprendente encontrarme con un animal así en un lugar por el que pasean cada día cientos de alcalaínos de los varios centenares de miles que viven en la adyacente urbe. También había oído de la presencia de jabalíes, incluso había visto sus huellas, pero jamás creí que hubiera muchas posibilidades de toparse con ellos directamente en un monte como el nuestro. De hecho, siempre me ha intrigado que animales como esos puedan ser invisibles a los ojos de los cientos paseantes que barren el parque cada día.

Por otra parte, he de reconocer que desde mi propia casa tengo una vista envidiable de la zona. Ayer tan solo estaba mirando por la ventana y pude ser espectador de una increíble escena digna de un documental.

Empecé viendo una pequeña mancha marrón desplazándose por la lejanía. Inicialmente pensé que podría ser un zorro y corrí a por mí cámara y un teleobjetivo con la tenue esperanza de sacar algo. Con el equipo montado, ya se había ido, pero no tardó en volver y fue cuando vi que en realidad se trataba de un corzo... bueno, una pareja de ellos para ser más precisos (disculpad la calidad de las fotos, pero como comento, están tomadas desde mi propia casa al atardecer, con poca luz).


Estaban como expectantes, mirando hacia atrás, como con miedo. No era para menos: no tardó en aparecer una familia de jabalíes (Sus scrofa) compuesta por unos seis individuos, el más pequeño de los cuales se quedaba atrás en cada carga, y ¡vaya si cargaban los jabalíes contra los corzos!


Y la persecución se inició. Dos corzos entraron en unos matorrales, y tras el paso de los jabalíes, sólo uno salió de allí. Todo un espectáculo de la naturaleza desde la ventana de mi casa.




Los jabalíes siguieron persiguiendo al otro hasta que lo echaron de lo que supongo que sería su preciado territorio. Quiero hacer hincapié en que es una zona por la que pasea a diario un montón de gente (de día e incluso una vez caída la noche), y no creo que muchos de ellos sean conscientes de la actividad que aparece en la zona cuando el telón del atardecer proporciona cierta seguridad ante la amenaza del hombre.


Parece que los animales no han desaparecido del todo en las grandes ciudades, sólo han aprendido a ser algo más invisibles.

P.D.: A ver si consigo reducir un poco el tiempo de dos años entre entrada y entrada.

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