domingo, 2 de junio de 2013

Sobre mirlos, mariposas y monstruos inesperados

Yo acuso a mi trabajo de robarme la vida, empezando por esta misma primavera, y es que parece que fue ayer cuando empezó y ya estamos avistando en el horizonte la llegada del verano. Una de las épocas potencialmente más fértiles para este blog se ha ido en horas extras dentro de una oficina, sobreviviendo como he podido en esa que llaman "jungla de cristal", llena de animales menos exóticos de los que acostumbro a fotografiar... espero que al menos ese tiempo invertido se traduzca en vil metal, contribuyendo a mejorar mi equipo fotográfico y, por tanto, repercuta finalmente de manera positiva en este blog :)!

Pero dejemos ese tipo de sueños a "La Lechera" y centrémonos en lo que aquí nos ocupa: los animalillos. Hoy además, como he anunciado en Twitter, os traigo una sorpresa (a mi, al menos, me ha sorprendido bastante).

Empezaré por lo más común: el mirlo común (Turdus merula).





Este ave es ya una vieja conocida del blog. Se trata de un pájaro bastante común que es fácilmente visible en muchos parques de Alcalá de Henares, como el que sale en las fotos de arriba. En éste hábitat semi-urbano están bastante acostumbrados a las personas, y no son difíciles de fotografiar. Algunos, incluso, se acercan con cierta curiosidad cautelosa, pareciendo interesarse por qué estás haciendo con esa cámara.

Pasemos a continuación a las mariposas, típicas de la primavera. A estas alturas he visto menos de las que esperaba (el año pasado había bastantes más en esta época). He aquí una mariposa maculada (Pararge aegeria).


La más común de hoy, sin embargo, ha sido la mariposa blanca esbelta (Leptidea sinapis). Aquí la podemos ver saludando con ese hermoso rostro lleno de pelos y de ojos desproporcionados.


La más bonita de las que he visto hoy me ha hecho correr un buen rato detrás de ella. Tras una considerable persecución, la mejor foto que he podido sacarla antes de que me diese esquinazo ha sido la que sigue.


Se trata de la mariposa niña hocecillas (Plebejus argus), aunque no es una foto en la que se la vea especialmente bien.

Y por último, la gran sorpresa! La historia de la persecución de un gran monstruo marino! Bueno... quizás no tan grande... y más que marino, en este caso, fluvial, pero no dejemos que nimiedades desvíen nuestra atención de aquesta gran historia:

Corría el treceavo año de lo que a algunos les dio por llamar "el nuevo milenio". Número asociado por no pocos a catástrofes y desdichas y, sin embargo, una fecha no exenta de cierta fuerza y notable significado, puesto que contaba a su favor con la cualidad de aquello que es único: un instante en el tiempo. Ese instante se concreto más aún con día y hora cuando dos hechos colapsaron en el mismo espacio-tiempo, produciendo un evento único. Irrepetible. Uno de esos momentos que te llevan a todos los demás a partir de entonces y sobre los cuales reflexionas en la madurez sobre qué hubiera pasado si no hubieses tomado el camino que se abrió en ese instante bajo tus pies.

De un lado, un joven naturalista armado tan solo con una cámara y un trípode se adentraba en una expedición a lo desconocido: las lúgubres tierras de los parques de debajo de su casa. Del otro, una lugareña paseaba despreocupada su mascota, completamente ajena al peligro que se cernía sobre ambos. Ese instante que cambiaría todo en la vida de ambos se hizo tangible cuando la amable mujer, proveniente de lejanas tierras del este, decidió contarle al joven la historia de un monstruo que vivía oculto en lo más profundo del río que regaba aquellos lares dejados de la mano de Dios.

"30 metros de extremo a extremo!" - gritó la mujer - "Con fauces como machetes y piel dura como la roca! Sólo ha de verse bajo el influjo de la luna llena y dicen que aquel que lo consigue, queda convertido en piedra para el resto de la eternidad."

El joven tenía un plan: no serán directamente sus ojos los que vieran a la criatura si puede estar su cámara en medio. Y armado con poco más que esa idea, se adentró en la zona donde la mujer le indicó temblorosa que se hallaba la bestia.

Tras horas de espera no hubo ningún resultado que justificase allí su estancia. Algún movimiento furtivo en el agua que le hizo estremecer durante una milésima de segundo, pero más tarde volvía el líquido elemento a su tranquilidad habitual, y con ello, también lo hacía el estado de nervios de nuestro intrépido protagonista.

Un ruido seco se escuchó de pronto en el tranquilo lecho de la madre naturaleza. Era ella! La bestia! Estaba acechando desde hacía un buen rato sobre un tronco. Casi invisible. Pero como si estuviera jugando con el joven, saltó hacia las oscuras aguas donde esconderse, midiendo - sin dúbita posible - la calidad de la amenaza que representaban cada uno de ellos para el otro.

Mas el joven no se amedrantó, y tras un minuto para coger aire y templar su pulso, agarró con firmeza su cámara, extendió el tubo de sus lentes, comprobó que los parámetros de su óptica arma estaban configurados como debieran y apuntó a donde preveía que estaría la bestia.

"Ven a por mi, bestia del diablo!" - gritó el joven - "Ya he encomendado mi alma a Dios y no he de temer nada que provenga de las profundidades del negro abismo acuático en el que osas a sumergirte cual cobarde sabandija!"

La bestia, como si poseyera un orgullo que pudiera estar dolido por las palabras del joven, se abalanzó hacia el con voracidad inimaginable. Todo parecía estar perdido, pero esa idea no cabía en la decidida mente de nuestro intrépido fotógrafo, así que afianzó su posición para ganar estabilidad, sujetó con fuerza su cámara, y sacó una foto nítida de aquella alimaña demoníaca.

Tras unos segundos de incertidumbre, el joven bajó su cámara y observó qué había pasado. Delante suya yacía la criatura inerte, convertida en piedra, y es que por lo visto tal era la oscuridad de su alma, que al dispararla con el flash se destruyó su misma esencia acabando con la existencia de su ser.

He aquí la foto que sacó el joven:


Bueno, vale, quizás lo he exagerado un poco, y simplemente vino una vecina a decirme que había visto una tortuga (Testudines) sobre un tronco en el río xD. Pese a ello, es bastante sorprendente verlas por aquí. Supongo que podrían provenir de mascotas abandonadas.


Debe ser como una familia entera: yo he visto como dos grandes (la de la foto y la del vídeo, que no son la misma, de unos 50cm desde la cabeza a la cola) y unas dos o tres más pequeñitas (de unos 10-15cm).

Y hasta aquí mi expedición de hoy. Desde aquí, agradecer a la mujer que me dio "el chivatazo" sobre la localización de estos inesperados reptiles que cierran esta entrada. Creo que ella no las pudo ver tan de cerca y me hubiera gustado enseñarle estas fotos que, por otra parte, han sido gracias a ella.

2 comentarios:

  1. "Ven a por mi, bestia del diablo!",
    jajajajaja, me he reído un montón con esta historia xD
    ¡Y vuelven las bolboretas!, espero ver más :P

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    Respuestas
    1. Jaja, me alegro de que te haya gustado el cuentecillo :)! Temía que nadie tuviera paciencia para leerlo :p.

      Ufff, ahora el trabajo me está ahogando, como decía al principio de la entrada... Ojalá tuviera tiempo pasta perseguir bolboretas :)!

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